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La máquina de escribir libros

Los catedráticos literarios generalmente dan crédito a La Vida en el Mississippi de Mark Twain como el primer manuscrito entregado al editor en manera mecanografiada. La mayoría de los escritores de ficción actuales trabajan propiamente con computadoras - laptops, por supuesto - y recurren a procesadores de texto, como el resto de los mortales. ¿Sería posible - me pregunté un año y medio atrás, al comenzar mi investigación en la historia literaria del procesamiento de texto - localizar el primer trabajo correspondiente a la era digital?

¿Cuál fue la primer novela en ser escrita con un procesador de texto?

La respuesta al primer libro consiste en la obra de Deighton de 1970, curiosamente una apropiada novela sobre la Segunda Guerra Mundial, titulada Bombardero, publicado con ayuda de la IBM MT/ST.

La historia detrás de Bombardero es una especie de tecno-thriller por derecho propio, una historia sobre el surgimiento de un nuevo tipo de texto, un tecno-texto, mediado no por software de computadora, sino por un sofisticado dispositivo electromecánico para almacenar y manipular palabras escritas.

De la misma manera que Bombardero abrió senda con sus retratos de complejos personajes a ambos lados del Canal de la Mancha, también lo es la historia detrás del libro, con ese tipo de relaciones aún más complejas, coincidencias históricas, y el rol de una mujer ante la máquina. Es 1968, y el técnico de IBM a cargo de repasar las máquinas de escribir de Deighton escucha de su asistente personal, la Srta. Ellenor Handley, lo engorroso que resulta mecanografiar docenas de veces los borradores para su último libro, uno de un nuevo estilo. Compasivo, el técnico le menciona de una reciente máquina aparecida en el catálogo de IBM, la cual - pensaba - podría ayudar con tan mentada novela. La secretaria aprovechó un fin de semana para ver un ejemplar de tan mentada máquina en el ultramoderno Shell Centre en la costa sur del Támesis, no muy lejos de su hogar de Merrick Square.

Pocas semanas después, Deighton se apeó fuera de su inmueble, observando cómo los trabajadores quitaban una ventana de su casa georgiana. Buscaban poder introducir - usando una guinche instalado en la terraza - la enorme unidad (de unos 100 kilogramos de peso). Se trataba de una IBM MT/ST, una Máquina de Escribir Selectric con Cinta Magnética, disponible bajo la designación de MT72 en el mercado europeo. "Parado en la verdosa cuadra en la cual vivía, y al observar toda esta actividad, tuve un sezgo de duda" - ofreció el autor, ahora de 84 años, en un correo electrónico reciente. "Estaba comenzando a pensar que había elegido una manera bastante inusual para escribir libros".

Por entonces, Deighton ya era sensación en el Ajetreado Londres. Su thriller de espionaje de 1962, Archivo Confidencial ("The Ipcress File"), lo había convertido en el autor del momento, e incluso la película basada en el mismo había lanzado al estrellato internacional a Michael Caine. Escribir sobre espionaje le daba a Deighton cierto perfil que disfrutaba, junto con el de editor de viajes para la revista Playboy. Sus espías - declaró en 1965 Conrad Knickerbocker en la revista Life - eran "modernos, entregados, atrapantes y moralmente relevantes".

El nuevo proyecto de Deighton - sin emb argo, adoptaría un tono más oscuro, serio y ambicioso, pues sus orígenes subyacían en la propia niñez de Deighton durante el aciago Blitz londinence, y particularmente en sus experiencias recogidas como aviador de reconocimiento fotográfico para la Real Fuerza Aérea, apenas concluída la guerra.

Bombardero sigue el curso de una incursión de la RAF que acaecida "el 31 de junio de 1943", relatada a través de las vivencias de diferentes personajes - ingleses y alemanes, combatientes y civiles, tanto en el aire como en la tierra. Para su redacción, Deighton dedicó miles de horas de investigación, incluyendo visitas a los sitios y lugares indicados en el libro, investigaciones en los archivos militares, docenas de entrevistas al magnetófono, e incluso un cruce al Canal de la Mancha en un viejo bombardero alemán Heinkel 111 restaurado. Realizó meticulosas anotaciones, todas ellas codificadas por color y sistematizadas gracias al empleo de referencias cruzadas. En ello jalonó los muros de su hogar londinense con mapas europeos y cartas del clima: los utilizó para desplegar un storyboard de la acción, disponiendo cintas y etiquetas para dilucidar las posiciones de los diferentes aparatos a lo largo del derrotero del relato. De esta manera buscó asegurar la continuidad narrativa (algo que recordaba las pizarras de presentación empleadas por las controladoras aéreas durante la guerra para preservar cierto entendimiento situacional durante las incursiones de bombardeo).

Como muchos otros novelistas exitosos, Deighton no podía permitirse disfrutar de su musa en solitario. Desde 1966, Ellenor Handley había trabajado con él en su hogar del sur londinense. Sentía que su rol era ser parte del laborioso proceso del escritor, un trabajo para el cual sus habilidades de mecanógrafa se veían recompensada con creces. Handley - hoy de 73 años y jubilada - refiere en un correo electrónico su rol en el proceso de escritura de Deighton. "Cuando comenzó a armar los borradores, Len empleaba una máquina de escribir IBM Golfball (denominación europea para la IBM Selectric)". "Indicaba cambios de forma manuscrita en la copia impresa, y luego yo, según fuese necesario, debía actualizar las páginas o bien capítulos enteros, remecanografiando todo. Llevaba mucho tiempo aunque me gustaba, ya que me sentía parte real del proceso creativo, y crecía con el libro".

Al igual que muchas otras tecnologías noveles, la MT/ST realmente vio la luz como un ingenio híbrido, una especie de centauro mecánico conformado por dos dispositivos distintos fusionados con una alquimia que les permitía trabajar en conjunto, el uno con el otro. En el mismo instante que un caracter resultaba impreso en la página gracias al intrincado mecanismo de bola de la máquina de escribir IBM Selectric, la presión de tecla también quedaba registraba en forma de dato digital en una tarjeta magnética. Carecía de pantalla, pero podía retroceder el carro y corregir un yerro en la página, lo que también daba como resultado la corrección de los datos magnéticos. Podía entonces elaborarse una copia impresa inmaculada a una velocidad de 150 palabras por minuto con la mera presión del botón CAT ("concatenar"). Y lo que era más, el proceso de impresión podía detenerse mientras se encontraba en modo "reproducción", permitiendo así la insersión de texto intermedio: alterar el espaciado de párrafos, longitud de líneas, e incluso el subrayado de palabras. A medida que se introducían las revisiones, todas estas podían ajustarse automáticamente.

La máquina se ofrecía por 10.000 dólares en los Estados Unidos. Deighton alquiló la suya con opción a venta, como una apuesta contra su obsolescencia eventual. Pero cuando la IBM MT/ST quedó instalada en Merrick Square - recuerdan el autor y su asistente - fue la Srta. Handley quien la dominó.

Al solicitar el más costoso de los cuatro modelos disponibles, contaba con un carrete adicional de cinta de almacenamiento (con similitud a las unidades dobles para discos flexibles que comenzarían a acompañar a las computadoras personales una década o más tarde). Gracias a este, su operador podía retener dos cuerpos de texto diferentes en el carrete de cinta listo "en línea", para luego unirlo con el otro carrete que aguardaba "en espera" durante el curso de la producción de las páginas finalizadas (lo que hoy llamaríamos "unión de texto"). Esta ventaja demostraría su utilidad particular para un proyecto como Bombardero, título que abarcaba referencias cruzadas continuas entre los distintos episodios narrativos. La Srta. Handley también se volvió pródiga sacando brillo a la función que permitía usar códigos de marcado especiales en las tarjetas magnéticas. Esto otorgaba un acceso casi instantáneo a cualquier pasaje así delimitado, lo que resultaría crucial para asegurar la consistencia de las porciones técnicas del manuscrito.

"Uno podría casi pensar que el procesador de texto - como lo llamaron, eventualmente- fue construido a requerimiento mío", confiesa Deighton. "Soy un trabajador lento, de modo que cada libro me ocupa más de un año, ciertamente algunos me llevaron varios años - y siempre en lugar de escribir mis libros, los "construí". Antes de que llegara la máquina IBM, para agregar párrafos, armar páginas, y reordenar secciones de material empleaba tijeras y pegamento (uno de esos adhesivos blancos Copydex, ciertamente). Habiendo sido entrenado como ilustrador, no vi razón para no obrar así desde inicio a fin. Razoné que una pintura no se comienza desde la esquina superior izquierda para terminarla en la esquina inferior derecha. ¿Porqué debería un libro armarse entonces siguiendo una línea mecanografiada continua?".

Tras su publicación en 1970, Bombardero recibió amplias aclamaciones. En el Reino Unido se lo considera una de las grandes obras de ficción sobre la Segunda Guerra Mundial, y ha sido alabado por Anthony Burgess y Kingsley Amis. Pero ya gozaba de otra cocarda en la historia literaria: "Tal vez sea este el primer libro en ser grabado enteramente en cinta magnética" recalcaba Deighton en el prefacio para la edición original. Y a pesar de que él mismo se evitó emplear el término en aquel entonces, ha de decirse también que fue la primer novela publicada labrada con un producto explícitamente comercializado como un "procesador de texto". ¿Pero no significa esto que lo fue años antes del advenimiento de las primeras terminales de oficina y computadoras personales?

Retrocediendo hasta finales de los años 50s, Ülrich Steinhilper - uno de los ejecutivos de la subsidiaria de IBM en Alemania - había acuñado el término Textverarbeitung (que literalmente significa "procesamiento de texto"), en un esfuerzo interno por posicionar los productos de mecanografía en pie de igualdad ante la cada vez más poderosa división de "procesamiento de datos" del Gigante Azul. Una vez que la tecnología detrás de la MT/ST se encontró lo suficientemente madura como para salir al mercado, adoptaron el cuño de "procesamiento de texto", tal vez para aliviar el dolor del comprador tras consultar la etiqueta del precio. Aunque la noción de que una de dichas unidades cayera en manos privadas no era uno de los escenarios anticipados ni por Steinhilper ni por IBM - mucho menos para encarar la escritura de ficción popular - Deighton demostraría rápidamente que un novelista activo, obsesionado con la calidad y la consistencia, y responsable de producir cientos de páginas podía ser el ejemplo más adecuado de usuario potencial.

El biógrafo y amigo de larga data de Deighton, Edward Milward-Oliver, afirma que la adopción primigenia del procesamiento de texto resulta consistente con el interés vivaz de Deighton por la tecnología. El escritor continuó siendo un pionero con las computadoras y - mortalmente temeroso de perder un texto a causa de interrupciones del suministro eléctrico - fue también el pionero en disponer de una de las primeras fuentes de energía ininterrumpidas hechas a mano para servir al procesador de texto Olivetti que utilizaría a continuación (actualmente favorece laptops con Windows).

Literariamente, Bombardero fue pionero también de lo que hoy conoceríamos como tecno-thriller. "A veces" - sentencia uno de sus personajes - "creo que sólo las son las máquinas de Alemania luchando contra las máquinas de Inglaterra". Es posible que al esbozar dichas palabras, Deighton desconociera que el ejecutivo alemán detrás del concepto mismo de Textverarbeitung había volado con distinción en aviones de combate Messerschmitt de la Luftwaffe durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en As antes de caer derribado sobre Canterbury en Kent, lugar donde fue capturado y remitido a un campo de prisioneros en Ontario - desde donde escapó, varias veces. Luego de retirarse de IBM, Steinhilper fue él mismo autor de varios libros que relatan tales eventos, los cuales son populares aún entre los fanáticos de la aviación militar. Y por demás - trascurrida menos de una década desde la conclusión de Bombardero con aquella, la primera máquina funcional que encarnaba el concepto de procesamiento de texto - Len Deighton escribiría sobre la Batalla de Inglaterra, aquella en la cual combatió Steinhilper. Publicado en 1977, intituló su relato clásico de no ficción simplemente como Caza.

La coincidencia histórica con Steinhilper es una. Y la otra es el rol de Handley, la mujer que realmente operaba la MT/ST como parte de un intenso sistema colaborativo para producir, organizar, y revisar la prosa de la novela. Las palabras de este tecnotexto indisputablemnte pertenecen a su autor, Len Dieghton. Pero las manos en la máquina de alta tecnología pertenecían a la Srta. Ellenor Handley, aquella que "se sintió parte del proceso y creció con el libro".

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