Martín Vukovic

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¿Quién sabe que tenés un blog?

Un post de Forking Mad+ plantea la pregunta ¿Le decís a la gente que tenés un blog?

Esto va de la mano con la idea de que todo es potencialmente público en Internet. Digo potencialmente porque si bien desde el aspecto técnico lo es, hay factores que actúan como escudos protectores (o por lo menos como sombrillas).

La más antigua y quizás la menos convincente, es la vastedad de Internet, y esto no requiere de mayor explicación.

En los primeros tiempos de Internet, navegábamos esa inmensidad usando directorios, una especie de páginas amarillas (guía telefónica) en donde se listaban sitios por categorías, algo que hoy está básicamente extinto. Luego, llegaron los buscadores.

Hoy mucha gente parece estar de acuerdo en que los buscadores también son una especie en extinción. Reacomodan los resultados no por su relevancia real sino por intereses económicos, al punto de ofrecer malos resultados a propósito con el fin de que los usuarios pasen más tiempo buscando y por lo tanto exponiéndose a las publicidades.

También existen los bots, los scrappers, los scanneos globales de todo servicio y contenido existente, pero eso no necesariamente implica que nuestro blog termine siendo leído por más gente.

A pesar de todo esto, yo sigo sintiendo que mi humilde blog está al resguardo de una sombra protectora que me da una sensación de privacidad suficiente como para escribir y expresarme con bastante soltura.

En el post citado al principio, se hace la analogía entre publicar en un blog y pararse en el medio de una plaza pública y pregonar nuestras opiniones. Yo no creo que sea una comparación justa:

En el escenario de la plaza, estoy llegando a los oídos de cualquier persona que esté pasando por allí; eso no pasa con mi blog. La gente tiene que de alguna forma encontrarme a mi primero.

En la plaza alguien puede acercarse y contestarme, criticarme, hacerme preguntas, puede gritarme o tirarme con algo, o quizás aplaudirme; pero en mi blog yo puedo restringir muchísimo la cantidad y el tipo de interacciones que recibo. Sólo recibo comentarios por email (no hay likes ni interacciones perezosas de “un clic”), lo que eleva significativamente el nivel de motivación requerido para poder tirarme con un zapato.

Yo no difundo activamente mi blog. Lo he mencionado ocasionalmente y de pasada a personas cercanas y a quienes creo que les puede llegar a gustar, gente que me conoce o que quiere conocerme más. No tengo ningún interés en invitar a desconocidos a mi jardín digital. Si llegan, que sea por cuenta propia y ahí veré qué hago con ellos.

De momento recibí una sola vez un email sobre algo que escribí, y fue un comentario positivo. No me preocupa en lo más mínimo que mis publicaciones tengan mucha o poca difusión. Si alguien las descubre y las disfruta, bien, y si no las lee nadie, también.

Pero mi blog también me produce sentimientos encontrados. Es un lugar en donde puedo escribir sin preocuparme de que una plataforma me cierre la cuenta porque incumplí alguna regla arbitraria escrita para satisfacer a un cliente o inversor, pero también siento que corro mayor riesgo de cometer promiscuidad digital y compartir demasiado, o divulgar información que hubiera sido mejor que siguiera siendo privada, precisamente por esa libertad para expresarme.

A veces pienso: si fuera mujer y publicara esto, probablemente ya hubiera vivido alguna experiencia desagradable. Es un tópico con muchos matices y que a final de cuentas se reduce a decidir cuánta exposición cada uno está dispuesto a aceptar, y si bien puedo entender la realidad desde otras perspectivas, sólo puedo opinar con propiedad sobre la mía.


Gracias por leer.

Espero tus comentarios por email.