Martín Vukovic

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Una nueva desilusión

…sólo recuerdo encontrarme observando una figura, humana, suspendida en el aire, allá a lo lejos, con los últimos destellos de un nítido atardecer a sus espaldas. Esta figura me hablaba (¿nos hablaba?) imprimiendo sus palabras directamente en mi mente.

Su lenguaje era sumamente simple, sin alegorías ni juicios ni lecciones morales. Las ideas que expresaba eran, honestamente, bastante obvias, lugares comunes que todos hemos escuchado y repetido en sobremesas entre amigos, mientras jugueteamos con chapitas de cerveza y pulverizamos cascaritas resecas de pan a altas horas de la madrugada.

Sin embargo el efecto de esas palabras sobre mi fue real. Comprendí profundamente su verdad, llené mi pecho con lentos suspiros, y tejí futuros compromisos en los que prometí valorar lo esencial y desestimar lo accesorio sin duelos ni ceremonias, lamentando, si, el tiempo irremediablemente perdido.

Pero aquella determinación no fue duradera. Al mismo tiempo que me entregaba a esta nueva misión de reinvención personal, supe con total certeza que las fuerzas que cohabitan en mí no me permitirían avanzar en esa dirección. No sin fuertes vientos aullando contra mi pecho, no sin enredarse entre mis piernas para hacerme tropezar a cada paso, no sin posarse sobre mis hombros como una gárgola de piedra, aplastante, implacable e indiferente.


Gracias por leer.

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