Martín Vukovic
Sobre el recuerdo compartido
Anoche tuve un sueño que ilustra una idea que suelo visitar con frecuencia.
En el sueño, iba por una galería comercial de esas medio subterráneas acompañado de una persona conocida, y llegando a un local abandonado, le decía con emoción:
“¡Acá estaba [nombre de un local de venta de videojuegos de los 90’]!”.
Señalándole distintas partes del local (desde afuera), seguía:
“Ahí se sentaba [nombre inventado] cuando arreglaba las Commodore 64. Después atendía desde ese mostrador cuando empezó a copiar los diskettes y CDs de PC…”.
Mientras contaba esto, sentía una gran alegría por haber reencontrado ese lugar y por revivir todos esos recuerdos tan preciados de mi juventud. Pero esa sensación fue poco a poco volviéndose más amarga, hasta escucharme a mí mismo hablar con la garganta medio estrangulada.
Mientras nos alejábamos caminando del lugar, le decía:
“Sabés, últimamente me siento muy nostálgico. Tengo todos estos recuerdos adentro, y te los puedo contar a vos, pero siento que me falta algo. Cuando te cuento esto, podés imaginarteló, hasta cierto punto, pero no lo vas a entender o a sentir como yo, porque no estuviste ahí conmigo.”
Mientras tanto, me invadía la sensación de estar solo en medio de un lugar enorme y vacío.
La persona que me acompañaba era bastante más joven que yo, unos 15 o 20 años. Probablemente ni hubiera nacido durante la época sobre la que le estaba hablando. A veces no lo parece, pero el espacio que existe entre distintas “generaciones” (uso ese término muy relajadamente) a veces puede ser abismal. Lo que para unos es sinónimo de felicidad, para otros puede parecer trivial, o incluso incomprensible.
En ese momento sentí lo que he sentido muchas veces cuando mi estado de ánimo me lleva a recordar esos episodios del pasado: Hace falta tener a alguien con quien compartir esos recuerdos. Esa nostalgia se puede volver corrosiva si uno se la guarda adentro y deja que siga echando raíces.
Siento que entiendo un poco mejor eso de los viejos reuniéndose en un bar para hablar de otros tiempos. Con todos sus defectos, alteraciones, exageraciones, omisiones y versiones contradictorios, el acto de recordar cumple una función reparadora si ese recuerdo es compartido.
Entonces me puse a pensar: ¿Quién estaba conmigo en esa época (quién estaba en mi vida en ese momento)?. La respuesta fue un amargo silencio.
Ya no conservo amistades de mi juventud, sólo de etapas bastante más tardías de mi vida. Etapas que todavía no añejaron lo suficiente como para ser recordadas con nostalgia. Pero incluso esas personas ya están lejos de mí, tanto física como emocionalmente.
La persona que vivió cerca nuestro tiene la habilidad no sólo de recordar lugares, personas y eventos junto con nosotros, sino que también nos conoce mejor gracias a sus recuerdos de nosotros. Esto elimina la necesidad de tener que explicarle la mitad de una vida y toda una época para que entienda los pormenores de lo que le estamos hablando.
Alguien que sabe cómo eramos de chicos, a qué nos gustaba jugar, qué nos daba asco comer, qué cosas nos hacían llorar, con quién nos habíamos peleado y reconciliado, los personajes de TV que nos gustaba imitar o las palabras que usábamos mal, sin duda nos puede entender mejor como seres humanos complejos con vidas caóticas y complicadas, que alguien que nos conoció ya como adultos. Pueden rellenar muchos espacios vacíos dejados por las cosas sin decir.
Por suerte, encuentro cierto consuelo entre personas de aproximadamente mi misma edad y con intereses comunes. Cuando les hablo de cosas como la del sueño, pueden evocar sus propias memorias de esa época, y a veces podemos encontrar algún recuerdo compartido visto desde dos ángulos diferentes.
Gracias por leer.
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