Martín Vukovic

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Tres pinturas de John William Waterhouse

No soy crítico de arte, sé poco y nada de pintura y artes plásticas en general. Solamente sé que a veces estoy recorriendo casualmente una colección de cuadros y llego a una imagen que me hace pararme en seco y quedarme mirándola como hipnotizado.

Me ha pasado varias veces, pero sólo recientemente empecé a guardarme las imágenes de mejor calidad que pueda conseguir e investigar un poco sobre lxs autorxs. Repito que no soy un estudioso, ni me interesa demasiado la crítica (en ninguna de sus formas, de ninguna disciplina artística), sino que me gusta tener un poco de contexto sobre la persona que creó la obra y su entorno.

Quiero compartir con ustedes algunas imágenes de obras de John William Waterhouse, alguien cuyo nombre jamás había escuchado hasta hace una o dos semanas, y que de pronto se convirtió en un favorito personal.

Gossip

Como lo indica el título de la obra, acá vemos unas vecinas chusmeando.

Una de las primeras cosas que capta mi atención es cuando se representan escenas cotidianas, con personajes que no están sobre estilizados, ni en poses extravagantes y artificiales.

Luego, los detalles…

La nena con un solo zapato jugando con un hilo o un palito y su pié, la tela colgando de la parte de abajo de la silla
Las vecinas apoyadas en el tapial, sonriendo y acercándose a escuchar el chusmerío, la pared decrépita y con musgo, la ropa colgada.
La muñeca olvidada, las macetas rotas y lo que parece un rollo de mimbre contra la pared, plantas creciendo entre los adoquines. Todo eso da una sensación de cotidianidad, de descuido hogareño.

The Magic Circle

Me gustan mucho las representaciones de escenas míticas y mágicas con una estética pre-hollywood.

En esta pintura, una bruja o hechicera, marca en el piso un círculo mágico mientras prepara algo en su caldero humeante.

El trazo humeante del círculo, los pies descalzos, los dibujos en el vestido, y quizás veo mal, pero el cuervo parece estar posado sobre una calavera.
Los cuervos no se atreven a traspasar el círculo, la hoz en la mano, el ramo de flores y hiervas en la cintura, la luz que emana de los contenidos del caldero.
Extrañas formas en el humo o vapor blanco, en el fondo, una persona parece estar sentada en una cueva iluminada por una lámpara, arriba, construcciones de algún tipo, casas o algún templo.

The Lady of Shalott

Esta pintura fue mi puerta de entrada a la obra de Waterhouse, y debe ser una de mis pinturas favoritas.

La primera vez que lo vi, me cautivó la expresión, la postura y la belleza de la joven, . El cuadro está inspirado en un poema que relata un episodio arturiano. En el cuadro se muestra a la joven de Shallot abandonando la torre donde vivía recluida, partiendo en bote en búsqueda de Sir Lancelot por quien sentía un amor no recíproco, sin saber que estaba partiendo hacia su muerte.

La expresión en el rostro y la postura, me sugiere tristeza, resignación, y también miedo. No puedo dejar de mirarla.
La mano sosteniendo la cadena que ataba el bote, dos pajaritos que pasan volando por ahí.
El tapiz sobre el cuál está sentada que cae sobre el borde del barco, así como la manga blanca que casi toca el agua. En otro cuadro de Waterhouse llamado nada menos que “I am half-sick of shadows, said the lady of Shalott”, retrata al mismo personaje tomándose un descanso de su trabajo en un telar en el que teje un tapiz similar.
La proa bellamente decorada, tres velas, dos apagadas y una a punto de hacerlo. Según algunas interpretaciones, esto es signo de la próxima muerte de la protagonista, una lámpara atada para iluminar el camino. En un costado, se ve una escritura que no llego a distinguir bien, pero aparentemente la historia dice que escribió su nombre en el bote, pero no veo nada que se parezca a “Elaine of Astolat”

Y ahí va la trágica señorita de Shalott, por el río, camino a Camelot, a donde nunca llegará sin antes ahogarse.


Gracias por leer.

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