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Borrador

M. tiene un alma eternamente atormentada. Carga con la vida como si fuera una bolsa llena de arena, escurridiza, inmanejable, tremendamente pesada.

Sin embargo no piensa en la muerte ni coquetea con ella. Por el contrario, ésta le inspira un respeto temeroso, e intenta no detenerse demasiado a considerar su inevitable llegada, por miedo a invitarla a que se fije en él antes de tiempo.

Piensa: ¿por qué la vida es tan difícil?

Corrección: piensa ¿por qué me cuesta a mi tanto la vida?

Mira a su alrededor, y si, todos llevan una pesada bolsa sobre sus cabezas como él, pero parecen llevarla con una gracia y una indiferencia que no logra comprender, y ésto le causa una gran sensación de injusticia cósmica, como si existieran leyes físicas diferentes (más punitivas) que se aplican sólo para él.

A veces logra convencerse por un rato de que eso lo hace único, especial. Algo dentro de él debe ser muy grande como para que el universo tenga que tomar partido y penalizarlo para darle al resto de los mortales una oportunidad justa.

Pero el autoengaño nunca es muy efectivo. Requiere un esfuerzo constante para mantenerlo vivo, y para evitar que la realidad se infiltre de la fantasía que intenta sostener.

Y finalmente acepta que todas sus calles serán siempre cuesta arriba, que deberá contentarse con menos que los demás, que vestirá siempre de luto, que debe empezar a trabajar el duelo desde el momento mismo de la concepción, y que su obra no será nunca algo más que un borrador.

Gracias por leer.

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