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Este es un texto que escribí de un tirón, casi sin revisar, después de muchísimo tiempo sin escribir ficción.

No lo considero ni original, ni particularmente bien escrito, sino que es más que nada el resultado de dejarme llevar por el impulso creativo del momento.

Tómenlo como lo que es, sin muchas expectativas, y a lo mejor les gusta.

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De los cinco calzones que tengo, dos son viejos y se me caen, y tres son nuevos y me quedan chicos. No me los quisieron cambiar, porque claro, imaginate que todo el mundo se probara los calzones y los devolviera. Yo tampoco los querría comprar.

Los colores que se ven adentro de mi placard son: “Blanco tierra”, “Gris ratón arratonado”, “Azúl erosionado”, “Negro marmolado lavandina” y “Hagamos de cuenta que sigue siendo verde”.

¿Por qué tanta importancia a cómo uno va vestido? ¿No lo podemos ir superando ya? ¿No podemos vivir como en el futuro de las películas de ciencia ficción de los cincuenta, todos con la misma ropa, del mismo color y mismo corte? ESO es una utopía. ¿Quién mierda quiere autos voladores y televisores 4D que largan los olores de lo que se ve en pantalla?

Por suerte soy bastante lampiño y los pocos pelos de la barba que tengo son bien claritos, así que puedo zafar de afeitarme algunos días. Me quedé sin maquinitas, así que hoy es día de no afeitado.

Eso no quiere decir que sea un roñoso, solamente tengo que usar un poco el ingenio para aprovechar los insumos que tengo en cada momento. Estoy en un momento medio complicado, pero ya va a pasar, seguro que vienen tiempos mejores.

Hoy me levanté tempranito y voy a ir al galpón de la otra vez a preguntar si necesitan denuevo alguien para descargar los camiones.

Hace un tiempo me dieron una changa y tuve ingresos fijos cada semana durante dos meses y medio, lo que yo llamo una buena racha.

La plata que me queda me alcanza justito para el colectivo de ida. Ojalá tengan algo, y con un poco de suerte me puedan dar un adelanto para hoy mismo. Y si no, tocará caminar…

Cómo me pellizcan las bolas estos calzones de mierda. Son de los nuevos.

La vez pasada yo venía caminando y cuando pasé por la puerta del galpón, vi a un flaquito doblándose como una ramita por el peso de las bolsas que le tiraban desde el camión. Me la jugué y me metí ahí nomás y le dije al del camión que me vaya pasando alguna a mi también.

El flaquito primero me gritó che qué hacés loco, y yo le dije que tranquilo que le quería dar una mano nomás, que no se fuera a lastimar que no iba a poder trabajar más. Vi que entonces miró para el lado de la oficinita de chapa donde suele estar el patrón, y como no lo vio, medio que se rió (porque sabía que yo tenía razón) y me dejó lugar haciendo un gesto como si le cediera el mejor asiento en el teatro a una dama distinguida.

El flaquito después se hacía el que me ayudaba a llevar las bolsas entre los dos, pero era yo el que levantaba todo el peso.

Después llegó el patrón, lo escuché gritar algo desde el fondo cuando me vio, diciendo esté quién es y qué se yo qué más. Pero yo seguí llevando las bolsas tranquilito y para cuando llegó hasta el camión, ya se habría dado cuenta de que yo no estaba haciendo ninguna macana y se notaba que me daba el lomo para el trabajo.

Ahí nomás le dije mientras tenía una bolsa al hombro, si no andaba necesitando alguna mano con algo, y haciéndose el misterioso me dijo que estaban esperando varios cargamentos en los próximos días, así que podía llegar a tener algo por un tiempo, si me interesaba.

Más vale que me interesa pelado anteojudo, pensé, y acepté sin preguntar ni siquiera cuánto me iba a pagar, porque en ese momento ya estaba casi tan en la lona como ahora.

El colectivo me deja a tres cuadras, así que empiezo a caminar apurado porque me doy cuenta de que ya casi son las siete y media, y el galpón abre a las ocho, y a veces hasta hay algún camión esperando en la puerta a esa hora.

Este es el barrio donde ahora vive mi hermana. La vez pasada cuando pasé por el galpón, yo volvía de lo de mi hermana, ahí me acordé.

Los vecinos se quejan porque es una zona residencial y les molesta que entren camiones. Dicen que el pi pi pi de la reversa los despierta. ¡Madruguen como todo el mundo y no sean tan vigilantes!

Mi hermana no vivirá en una mansión, pero le alcanza para ella, el marido y los dos chicos. El otro día le caí sin aviso y me di cuenta de que no le gustó. La incomodó que viera como vive ahora, o en todo caso, acordarse de cómo vivo yo.

Después de las formalidades y un poco de conversación forzada, le dije lo que había ido a decirle, si no me podía prestar algo de plata. Me quiso explicar que tuvo muchos gastos juntos, con las cosas de la escuela, y el transporte y la colonia de verano y no sé qué mierda.

No quise insistir, pero tampoco quería seguir escuchando las excusas que ponía para no ayudarme, así que me fui con bastante cara de orto.

Dos cuadras.

A esta hora no me cruzo a casi nadie por la calle, y con el silencio y el aburrimiento me vienen cosas a la cabeza que no quiero pensar. No me quiero dejar llevar, porque si me descuido quién sabe en dónde puedo terminar.

En otra época de mi vida yo era de pensar mucho. Me tiraba en la cama, ponía música y pensaba. No sé qué pensaba, hace mucho que no me puedo tirar en la cama sin quedarme dormido enseguida.

En algún momento pensar me empezó a hacer sentir mal. Es difícil de explicar, y tampoco tengo ganas de pensar en cómo explicarlo.

Una cuadra nomás.

Cuando laburé acá, iba a una granjita que estaba a una cuadra y media, me compraba dos pancitos y 150 de mortadela o de salame, y me comía unos sánguches sentado en la vereda de la granja. Casi nunca volvía a comer con los del galpón. Me parece que el flaquito me tiene un poco de bronca desde ese primer día. Se cree que le quiero serruchar el piso, no sé.

A mi me importa tres mierdas lo que piense, pero sé que anda diciendo cosas atrás mio, y prefiero no dar pie a ese tipo de cosas. Siempre hay puteríos internos en todos los laburos, pero para dramas me miro una novela.

Media cuadra.

De chico me molestaba, hasta me daba miedo, que pensaran mal de mi. Vivía tratando de explicar lo que quería decir, queriendo aclarar, pidiendo perdón.

En algún momento eso dejó de importarme, y todo ese miedo quedó guardado junto con todo lo otro en lo que no me gusta pensar.

Ahí están abriendo la puertita del galpón y están entrando los muchachos.

Ojalá hoy se me termine la malaria.

Gracias por leer.

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