Una lectura sobre mi cabeza
En el año 2024 no leí ningún libro. Cero. Sí leí cosas sueltas en Internet, pero no lo que se se llamaría estrictamente “leer un libro”. Escuché creo que dos o tres audiobooks bastante livianos, como máximo.
Un año después, en 2025, leí 40 libros. Ficción, no ficción, libros serios, libros no tan serios, novelas, cuentos, crónicas, relatos históricos, obras clásicas, obras contemporáneas, libros largos, libros cortos…

No es que en 2025 haya descubierto la lectura. En mi adolescencia y juventud era muy lector, y también escribía mucho.
¿Qué pasó entonces?
Bueno, la vida, mudanzas, trabajos, vida en pareja, hijxs… tiempo, pasó tiempo.
Pero eso no alcanza para explicar un cambio tan grande en mis hábitos de lectura.
Hace unos años descubrí que había cosas de mi personalidad que no eran tan “normales”, sino que muchas actitudes o respuestas a ciertas situaciones podían ser resultado de desequilibrios en la química de mi cerebro.
Alguien no muy familiarizado con estos temas, puede escuchar hablar de depresión y traducirlo como “estar triste” o “estar desganado”, o de ansiedad, y pensar que es como “estar nervioso” o “estar inquieto”.
Todas esas interpretaciones sugieren un estado más bien transitorio (estar…), algo que le agarra a uno un domingo de lluvia, o antes de rendir un examen, pero Depresión y Ansiedad, así, con mayúsculas, son cuadros clínicos bastante bien definidos y son estados muchas veces son permanentes. Es decir, uno puede “estar” todo el tiempo experimentando esas sensaciones que para la mayoría de la gente son algo pasajero.
Muchas veces describí mi experiencia de vida como “jugar en modo difícil”, y ver cómo la mayoría de la gente a mi alrededor puede enfrentarse a la vida aparentemente sin las dificultades que me a mí me atormentan.
Entonces emprendí un lento y complicado camino por volver a encarrilar mi cabeza, y ver cuál es mi “verdadero” Yo, un Yo sin tantos lastres y obstáculos.
Me llevé algunas sorpresas, y algunos disgustos también, claro.
Pero en este texto sólo quiero festejar una de las sorpresas más gratas que me llevé hasta el momento, que como ya habrán deducido por el título, tiene que ver con cómo descubrí que mi incapacidad/falta de ganas/interés en la lectura, era uno de esos efectos negativos de mi ansiedad/depresión.
Al poco tiempo de comenzar con algunos tratamientos, se me abrieron denuevo las puertas de la lectura, y me sentí como un chico en una tienda de caramelos, rodeado de cosas hermosas y que quiero devorar con voracidad.
Ahora leo a la noche, durante el día, en la cama, en el patio, en la plaza, en el colectivo (cómo extraño ver gente leyendo en el colectivo…) y especialmente cuando salgo de casa, estoy cultivando el reflejo de sacar el ebook en vez del teléfono.

Ahora puedo usar este hábito recuperado como un indicador general de mi estado anímico, emocional y mental.
En una búsqueda por recuperar cierto nivel de “cordura”, en donde hay muchas señales de que hay cosas que nunca voy a poder solucionar completamente, el tener esta herramienta, que funciona como un canario en una mina, es una pequeña victoria.
Gracias por leer.
Espero tus comentarios por email.