¿Qué extraño realmente cuando extraño la Internet de los 90s?
Nota: El siguiente es un texto de opinión, y como tal, está inevitablemente limitado por mi experiencia personal.

La imagen que yo tenía de Internet apenas llegó a mi alcance era algo así:
“Internet es un espacio abierto a todo el mundo en donde todxs son iguales, es la fuente más grande de conocimiento humano, permite conectar con gente de todo el planeta y conocer sobre sus vidas y sus culturas.
Es un lugar en donde cualquiera puede tener su propio espacio personal, y conseguir el mismo alcance que multinacionales, gobiernos o personalidades famosas.”
Visto a la distancia, podría agregar: “La vida en Internet era más simple”.
Puede que haya exagerado la ingenuidad de algunas partes de esa respuesta con fines literarios, pero apuesto a que algunas de las cosas que menciono resuenan en muchxs de lxs lectorxs.
Ahora, leamos entre líneas:
"...espacio abierto a todo el mundo..."
Esto realmente no era así. ¿O nos olvidamos de que en los 90 la única forma de acceder a Internet era a través de una computadora, y que el servicio de Internet no era gratis (inicialmente)?
Si, existían los cibercafés, pero había que pagar por cada minuto de conexión, no era barato, muchas veces el servicio era malo, y las condiciones de las máquinas se degradaba rápidamente con el paso del tiempo.
Y tener una computadora propia no era todavía algo común, ni accesible para todo el mundo.

"...en dónde todxs son iguales..."
Es una afirmación un poco vaga, que creo que tiene sus raíces en la idea del uso de pseudónimos/apodos.
Ese anonimato nos ofrecía algún tipo de protección, nos ponía en igualdad de condiciones con cualquier desconocido que nos cruzáramos por ahí. Si en la vida real nos fajaban en la escuela, en Internet podíamos ser iguales a los demás.
De la misma forma, ese anonimato daba inpunidad y hacía que existiera gente dedicada a arruinarle la fiesta a todo el mundo (Don’t feed the trolls!). En esa época empezaron a pensarse los primeros mecanismos de moderación y rudimentos de seguridad informática, que tardarían mucho en madurar (y que al día de hoy siguen siendo un colador).
Internet todavía era un lugar medio underground, y el verdadero provecho que se le podía sacar estaba en manos generalmente de la gente más involucrada en cuestiones técnicas.
"...es la fuente más grande de conocimiento humano..."
Puede que fuera cierto (lo es hoy, sin dudas), sin embargo, ¿cuánto provecho le sacábamos a ese acceso casi ilimitado a la información?
Teníamos la web, que recién estaba naciendo, en donde había sitios personales de calidad bastante mediocre (va con cariño) y contenido incompleto y de dudosa procedencia. También había sitios más “grandes”, que creaban principalmente empresas cuyo fin último era, como siempre, intentar vendernos algo o cultivar su imagen, participando de la nueva moda de estar en línea.
Antes de Wikipedia, Sci-hub, Z-lib, de los cursos de importantes universidades abiertos a “todo el mundo”… ¿qué nos queda como gran fuente de conocimiento?
Recuerdo haber explorado foros de “hacking y phreaking”, o sitios que me permitieron aprender mis primeros rudimentos de programación, Linux, redes, etc. Había bastante información sobre temas técnicos, pero quizás por un sesgo personal y de mis intereses, no recuerdo que hubiera demasiada información por fuera de eso.

Poco a poco fueron también apareciendo los primeros diarios online, y con ellos, el acercamiento de la actualidad a “todo el mundo”, gratis. La calidad de las noticias en esos diarios online es igualmente cuestionable que en la actualidad, así que mejor lo dejamos ahí.
"...permite conectar con gente de todo el planeta y conocer sobre sus vidas y sus culturas."
Es una linda idea, y quizás durante un breve tiempo fue realidad. Debido a que inicialmente “había poca gente” en Internet, era común entrar en salas de IRC y encontrar nucleada gente de distintas partes del mundo. Me da la impresión de que era fácil cruzarse con gente de otras partes, siempre y cuando uno pudiera encontrar un lenguaje común.
Pero a medida que Internet se popularizó, creo que el interés comenzó a enfocarse en conectar con gente cercana, nuestro propio idioma, nuestro propio país, o región, o ciudad.
Definitivamente tiene un enorme valor en que se generaran comunidades locales, pero la idea de conectar con el mundo creo que es un poco romántica y que existió un poco como resultado de esa escasez inicial de gente con la que fuera “más fácil” hablar.
"...cualquiera puede tener su propio espacio personal..."
No me quiero poner repetitivo, pero otra vez tenemos que revisitar esa definición de “cualquiera”. Y no sólo en el sentido del acceso a Internet, sino también en el nivel de conocimientos técnicos que eran necesarios para montarse una página en la Web 1.0.
No estoy hablando de un blog en Blogspot, estoy hablando de sitios como Geocities. Había que crearse una cuenta (para lo que primero hacía falta tener un email), entender lo que era una IP, saber usar FTP, aprender a escribir HTML, y a lo mejor recortar o editar algunas imágenes para darle un poco más de vida a nuestro sitio.
Esto puede parecer trivial hoy, pero en su momento era un universo de cosas completamente nuevas, y que no mucha gente estaba interesada en aprender. De nuevo, terminamos hablando del nicho de la gente con orientación hacia lo técnico como si fuera “todo el mundo”.

La realidad es que en los 90 (tanto como en la actualidad), la gran mayoría de gente que demostraba interés por (y tengo cuidado al elegir la expresión “demostraba interés” y no “sabía de”) cuestiones tecnológicas eran hombres. No voy a profundizar en las razones por las que existía y existe esa brecha, ya que son de común conocimiento, y si bien se ha avanzado en algunos frentes, queda un enorme camino por transitar, y otros en los que parece que hemos retrocedido más que avanzado.
"...y conseguir el mismo alcance que multinacionales, gobiernos o personalidades famosas."
¿Quién no pensó en su momento “con mi humilde sitio personal, tengo las mismas chances de recibir visitas que Coca Cola, Ferrari, el FBI, Boca Juniors, o Michael Jackson”?
Recordemos que los buscadores con sus algoritmos y rankings no aparecieron inmediatamente con la popularización de Internet. Antes de eso, uno “descubría” sitios “de boca en boca”, “de link en link”. Usábamos las recomendaciones que encontrábamos en las webs y espacios que íbamos visitando, incluso en las revistas y diarios en papel.
Las recomendaciones eran “curadas” por personas, para bien o para mal. Pero también, uno tenía que tomarse el trabajo de buscar, revisar, elegir y guardarse los links de interés.
Sin algoritmos, no había recomendaciones, pero tampoco había favoritismo ni sesgos. Más adelante vendría la sindicación con los blogs y RSS, lo que nos permitiría acceder a contenido dinámico de fuentes que hubiéramos elegido (y solamente de esas fuentes) de sin alteraciones, en orden cronológico.
Lo cierto es que casi nadie visitaba nuestras webs salvo nuestrxs amigxs y familiares hartos de nuestra insistencia. A veces adulterábamos los contadores de visitas para que la cifra no resultara tan deprimente. A final de cuentas, al igual que en la vida real, las entidades con más recursos publicitarios siempre ganaban.
Hoy en día hay un resurgimiento de los sitios personales como los de la época, sin toneladas de tecnología, sin firuletes innecesarios, lo que se está empezando a llamar la “small web” o la “indie web”. Una motivación importante es escapar a los llamados “jardines amurallados” (walled gardens) de las redes sociales y grandes plataformas. Lo que se busca ya no tiene tanto que ver con alcanzar fama mundial, sino recuperar nuestros espacios, arrancar los stickers de las marcas y poner nuestra firma personal, una forma de “desintoxicación”, sin importar el éxito o el fracaso de nuestra empresa.
Personalmente, es una iniciativa (¿moda? ¿capricho? ¿forma de activismo?) que me gusta mucho, y espero con mucha ilusión que siga creciendo y difundiéndose, para que más gente se anime a hacerlo.
Pero todavía está muy vigente el problema de la accesibilidad, tanto a Internet, como a los conocimientos requeridos para crearse una web de este tipo. Sigue siendo un dominio mayormente ocupado por más o menos la misma gente que en los 90.
"La vida en Internet era más simple."
Depende en qué sentido….
Definitivamente simple no es lo mismo que fácil. El sólo hecho de visitar páginas Web era todo un desafío para las personas que no habían nacido o experimentado de jóvenes el flamante “ciberespacio”. ¿Qué carajo es “http://www…”?
Ni hablar si querías entrar a una sala de chat en IRC. Necesitabas descargarte un programa especial y configurar los datos de un “servidor”, algo que se llamaban “puertos”, y tenías que escribir comandos con un formato específico y en inglés, etc.

Sin embargo creo que hay algo de cierto en que era más simple, en el sentido de que el tipo de actividades e interacciones que uno podía encontrar eran más simples.
Mensajería asincrónica con el email, sincrónica con chats, páginas web mayormente estáticas con contenido principalmente textual (aunque a veces totalmente contaminado por GIFs animados y fondos en mosaico que causaban náuseas), sindicación de blogs mediante RSS que podíamos consumir con un lector de feeds, muchas veces incluido en el mismo programa para descargar los mails…
La información nos llegaba solamente a partir de una petición explícita de nuestra parte. Y atenti con esto:
Quiero ver si tengo mails: Abro el cliente de mail para revisar si llega alguno nuevo. Los clientes de correo podían correr un servicio en segundo plano para obtenerlos periódicamente y dar la impresión de que los mails “llegaban” por si solos, pero sin el pedido de nuestro lado primero, no íbamos a recibir nada.
Algo similar pasaba con el Webmail. A menos que uno recargara la página, o en sitios más sofisticados, tocara el botón de “recargar”, no íbamos a ver llegar los mails nuevos.
Las páginas web, cargaban siempre como respuesta a pedidos que hace nuestro navegador. Ninguna página se nos va a abrir espontáneamente sin que la hayamos solicitado (los pop-ups y los virus podían causar la ilusión de que eso pasaba, pero en el fondo siempre el inicio de la comunicación estaba de nuestro lado).
Esta especie de comunicación “on demand”, a pedido, se perdió en la Internet de hoy, y algo que inicialmente fue un gran avance, terminó siendo abusado y explotado por muchos servicios, hasta convertirse en el infierno de notificaciones constantes que recibimos, en donde lo importante y lo irrelevante se mezcla y nos roba la atención en la misma medida. No tenemos un momento de silencio con nuestros propios pensamientos porque cuando no nos interrumpen, nos saboteamos pensando en si nos habrá llegado alguna notificación importante mientras no estábamos mirando.
Las ramificaciones de esta inversión de la dirección de las comunicaciones son demasiadas para intentar enumerarlas.
Quiero creer que poco a poco se está empezando a tomar conciencia de los efectos dañinos que tiene la disrupción de la atención, combinada con la aniquilación sistemática del aburrimiento, los algoritmos quirúrgicamente diseñados para maximizar su efectividad en las mentes de todas las edades, etc.
¿Conclusiones…?
Creo que una gran parte de lo que muchxs añoramos de los primeros tiempos de Internet es el recuerdo de empezar a explorar un territorio desconocido y darse cuenta de que era algo que iba a cambiar el mundo.
Quizás por nostalgia, caemos en el error de idealizar ese período, y pasamos por alto las desigualdades que existieron y siguen existiendo en cuanto al acceso a Internet, a la tecnología y a los espacios vinculados al mundo de la informática.
Nuestros propios sesgos (nos gusta la informática, somos nerds, nos gusta aprender cómo funcionan las cosas, preferimos quedarnos navegando que salir a jugar un picadito con los pibes…) moldearon nuestra percepción de esa época y quizás generalizamos nuestra propia experiencia y la extendemos sin darnos cuenta a todo el mundo.
¿Esto quiere decir que está mal extrañar la vieja Internet? En absoluto. Creo que se pueden rescatar un montón de cosas de la antigua Internet, o al menos emularlas de alguna forma dentro de un contexto actualizado.
Para mi, una de las cosas más importantes es recordar la vida antes de los algoritmos, del rastreo y la creación de perfiles de comportamiento e intereses, que a final de cuentas terminan decidiendo qué nos gusta y qué podemos ver y qué no.
Si, antes era más trabajoso encontrar algo que nos gustara, ahora nos lo sirven con cuchara en la boca. Pero eso que encontrábamos nos pertenecía de otra forma, era algo que realmente nos interesaba, mientras que ahora estamos entrenados a reaccionar casi por reflejo a estímulos calculados que hacen que no nos podamos despegar de la pantalla.
Al perder esa actitud proactiva renunciamos al control de nuestra vida online. Ahora es más difícil saltar el alambrado que nos tiene encerrados como ganado.
La vieja Web se sentía más auténtica, más ingenua, un lugar en donde uno podía andar sin las rueditas de la bici, donde podías crear cosas muy distintas, y el explorarla se vivía con asombro y alegría.
¿Hoy cómo te sentís cuando pensás en Internet?
Gracias por leer.
Espero tus comentarios por email.