Revista digital Texto-Plano
La computación comunitaria
La computación comunitaria ~ffuentes
En el principio fue la mainframe
Cuando explico que levanté un servidor en la red para que cualquier persona lo utilizara siempre me preguntan si es arriesgado, y sí, lo es pero todo en la vida tiene riesgos.
Lo que muchas de esas personas no tienen en cuenta es que la computación comenzó de este mismo modo: Compartiendo una máquina en una época en que ni siquiera existían los computadores personales, ni los sistemas multiusuario. ‘Hackers: Héroes de la revolución computacional’ es un libro que lo explica muy bien.
A fines de la década del 50, cuando ni siquiera existía la carrera de ciencias de la computación ya había grandes computadores que se utilizaban para labores de investigación. Tal como cuenta Steven Levy en su libro, los ingenieros llegaban con series de tarjetas perforadas, las cuales debían contener código binario escrito con sumo cuidado para poder entregarlas al operador de la máquina (ej. un operador de IBM) quien procesaría la información dentro del sistema e informaría la salida del código. Si el código tenía errores, recibirías un mensaje de error y tendrías que reescribir todo y volver. Era un proceso muy tedioso. Por lo mismo, la escritura del código se volvió un proceso que requería bastante colaboración entre pares. Todos tienen proyectos distintos pero alrededor de un gran computador surge una gran comunidad en la que distintas personas crean y se apoyan mutuamente.
Esta comunidad de “hackers” no termina con las tarjetas perforadas y los mainframes, es sólo el comienzo de una forma de interactuar, no simplemente con máquinas sino con otras personas, desde la capacidad de hacer algo y luchar hasta volverlo una realidad. Cuando aparecen los sistemas operativos multiusuario, la colaboración se expande a otros lugares y ya no tienes que estar necesariamente en frente del mainframe para trabajar en él en proyectos con otras personas.
Hoy en día, existen cientos de hacklabs donde hobbistas trabajan en conjunto en proyectos compartidos, que pueden ser grandes como un nuevo programa de software libre mantenido en un control de versiones como git, o algo tan pequeño como un robot o un cartel artístico para una actividad.
Pero hay algo más. La colaboración a distancia existe hace mucho tiempo y aún existen servidores que llevan décadas de existencia dando acceso gratuito o a un precio accesible a sistemas compartidos donde además de conseguir, por ejemplo, acceso a una consola de Unix, puedes conversar con personas de todo el mundo. No te piden un certificado de antecedentes para entrar, sólo buen comportamiento. Es por eso quizás que he podido crear este espacio llamado Texto-Plano y, junto con otras personas que han surgido en el camino, atraer más personas a esta comunidad.
Lo que queremos hacer con esta revista no es promover texto-plano.xyz más allá de que es una comunidad que existe, que está viva. Lo que queremos hacer es demostrar que una computación comunitaria es posible, incluso en estos tiempos tan oscuros en algunos aspectos, plagado de intolerancia e individualismo extremo.
En resumen, compartir es algo bueno.